Fueron los pueblos mediterráneos los primeros en hacer del agua un elemento de convivencia social. Las aguas calientes de los abundantes manantiales termales que desde Anatolia a Hispania se reparten por toda la geografía del "Mare Nostrum" fueron en un principio lugares de culto y a su lado surgieron santuarios y altares dedicados a las potentes y enigmáticas fuerzas de la naturaleza.
Los Baņos públicos de las Termas fueron especialmente importantes en el Mundo romano.
Las Termas fueron lugar de relajación y ocio, pero también lugar de encuentro para la estabilidad social y la economía.
Hoy volvemos a encontrar en los modernos Spas la misma tolerancia y convivencia social y la misma expresión por el culto de la vida y el cuerpo.